domingo, 7 de octubre de 2012

Me quedé...



... atrapado para siempre, entre las mismas cuatro paredes, que hice un día para protegerme, de todo el daño que podían hacerme."

Tras duros golpes que recibimos por personas a las que teníamos, o incluso seguimos teniendo, un notable afecto, puede surgir la necesidad de desarrollar una armadura para evitar futuros daños por parte de desconocidos.

Siempre he pensado que es una idea horrible, a pesar de que la historia siempre se vuelve a repetir. Es por ello, que podría ser tachado en muchas ocasiones de ser una persona fría. Tal vez no esa descripción no se aleje mucho de la realidad, puesto que define perfectamente el mecanismo de defensa que poco a poco, se ha convertido en otra faceta de mi personalidad.

Bajo la soledad del domingo, me pregunto si de verdad merece la pena tirar esa armadura, y si la compañía que hay a mi lado es la adecuada... ¿Cómo decidirme hasta que sea demasiado tarde? Mi cabeza está llena desconocimientos, pero me temo que las relaciones y las habilidades sociales no son mi fuerte...

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